Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.



Tener un corazón limpio es una tarea difícil de alcanzar, por la sencilla razón que todos somos pecadores, desde nuestros pensamientos y por consiguiente en nuestros actos, y muchas veces el propio corazón nos engaña y creemos las mentiras que de él fluyen.

En el momento que Jesucristo dijo bienaventurados los limpios de corazón, se refirió a aquellas personas de emociones, intenciones y pensamientos puros y sinceros, que actúan con integridad y sinceridad en concordancia a cómo piensan o sienten.

Un corazón limpio es sinónimo de la honestidad que se expresa queriendo vivir en la gracia de Dios, sin ofenderlo y conservando una conducta que sea buena en intención y acción.

¿Cómo mantener un corazón limpio?

Dios siempre espera pureza doctrinal de nuestra parte, por ello no predicando algo que no practiques, cumpliendo los compromisos con él, discerniendo lo que es bueno de lo que es malo, teniendo la voluntad de hacer y de creer en lo que se hace, y siendo dignos de él, limpiamos la mente y la vida.

Para limpiarnos el alma es necesario hacer catarsis, que es una descarga espiritual de todas nuestras deudas con Dios, revisando y corrigiendo nuestras prioridades diariamente para buscar su reconocimiento que brindará a nuestra alma la vida eterna, por ello son bienaventurados los limpios de corazón, ya que  ellos verán a Dios.

Hay una manera de ver a Dios en la tierra, y es cuando caminamos en integridad de acción con él, podemos verlo en la naturaleza, en la creación y en la oración, con toda la esperanza puesta en él para purificarnos.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios en la gloria eterna, más grandemente, claramente, cercanamente y bendecidamente que otros, como consecuencia de la limpieza por sus prácticas de vida que definen la pureza de corazón.