Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.



Esta bienaventuranza se relaciona con un atributo del ser humano que brota como respuesta de la condición de pobreza espiritual, en la cual con el corazón humillado se recibe el perdón de los pecados y la consolación de Dios.

Jesucristo dijo bienaventurados los mansos, mientras que en nuestro mundo se cataloga a un manso como una persona con carácter débil, que no tiene autoridad, que le falta liderazgo e inclusive poco productiva.

Ante tales circunstancias de la vida cotidiana ¿cómo puede un manso enfrentarse a las injusticias de este mundo y ser feliz?

¿Cómo son bienaventurados los mansos?

 Bíblicamente, la palabra manso significa tener un espíritu apacible con un dominio propio que sólo se recibe de Dios a través del Espíritu Santo.

Ser manso es tener el poder del Espíritu Santo, para ser comprensible con el prójimo, y son frutos de ello: amor, gozo, paz, paciencia, bondad, fe, benignidad, templanza, y sobretodo mansedumbre.

El hombre que practica la mansedumbre es feliz porque el Espíritu Santo está en su corazón, evita las discusiones, la violencia, el atropello hacia el otro y más aún perdona al que le ofende.

Todas estas cualidades hacen al manso obediente ante la voluntad de Dios, por ello recibe su bendición que redunda en su felicidad.

Jesucristo nos enseña que toda devoción con Dios tiene su recompensa, y en este caso, bienaventurados los mansos porque ellos poseerán en herencia la tierra.

Esta herencia de la tierra, no se vincula a una posesión material, sino que va más allá, ya que practicando la mansedumbre se obtienen bienes intangibles no sólo enriquecen el espíritu sino que también constituyen los tesoros más divinos que Dios promete.

Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán en herencia la tierra, en otras palabras, heredaran  la bendición eterna y celestial del reino de los cielos.