Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.



En esta bienaventuranza se hace mención de dos deseos naturales como son el hambre y la sed, necesidades  que juntas expresan una terrible avidez de justicia en el alma que parece insaciable, y que solo es solventada con lo espiritual.

La palabra justicia significa la virtud que hace dar a cada cual lo que le pertenece equitativamente, también representa un derecho ético o moral, pero desde el punto de vista religioso, la justicia es la santidad, la fidelidad y la conformidad en el cumplimiento de los mandamientos de Dios.

Cuando Jesucristo dice bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, se refiere a aquellos que claman por una justicia divina, que no se gana por un trabajo duro, por dinero, o por sacrificio, y mucho menos por conflictos penosos, pero si es concebida gratuitamente por Dios.

¿Cómo se obtiene la justicia de Dios?  

La justicia divina se consigue aceptando con fe a Jesucristo y cumpliendo la voluntad de la palabra de Dios, en este sentido, una persona que alcanza la justicia espiritual, obra con bondad, vive en la verdad y práctica la mansedumbre.

Al vivir de manera correcta con el propósito de Dios, se desecha el odio, la condena, el rencor y todos aquellos males que nos alejan de su camino, y se abre la ruta que conduce a las gratificaciones espirituales, es decir, bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Los hambrientos y sedientos encuentran aplacar su gran necesidad de justicia en Jesucristo, ya que él como hijo de Dios posee todos los elementos para saciar el alma.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados con la dicha de obtener la paz espiritual  con el perdón de sus pecados y la vida eterna que sólo Dios otorga.